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Mini Cooper, el ícono británico afina su diseño y refuerza el equipamiento.

Se trata de uno de los mayores referentes del mercado automotor mundial, un coche que conserva gran parte de su herencia, en las áreas de diseño y conducción, un ejemplar que se mueve dentro de su propia orbita, y una de esas pocas creaciones capaces de sobrevivir al paso de tiempo. Está claro que Alec Issigonis, el padre del Mini, no tenía idea del enorme suceso que estaba forjando.

Obviamente que el modelo ha ido evolucionando, siempre dentro de márgenes acotados, lo que garantiza la protección de su identidad. Y en esta variante 2019, el Mini agrega ciertas mejoras que extienden la vigencia de la idea introducida por el grupo alemán BMW hace 17 años. Entre los aportes, aplicados a las versiones de tres y cinco puertas, además del Cabrio, destacan las llantas rediseñadas y los focos traseros que incorporan la bandera del Reino Unido.

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El logotipo adherido en el capó, portalón, volante, panel de instrumentos central y en la llave de comando, fue actualizado con un diseño plano bidimensional, que refleja la nueva identidad de la marca centrada en lo esencial: diversión en la conducción, diseño distintivo, calidad premium y atractivo emocional.

En cuanto a motorizaciones, el remozado Mini mantiene la oferta de su antecesor, con potencias que van desde los 136 CV para el Cooper, 192 caballos para el Cooper S y 228 CV para el John Cooper Works.

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En materia de equipamiento se estrena un nuevo volante multifunción y un sistema de sonido Harman Kardon de alta fidelidad, con pantalla táctil de 6,5 u 8,8” en la consola central, la que además permite integrar el teléfono celular vía Bluetooth. El icónico deportivo británico ya está disponible en nuestro país, con una lista de precios que parte en los $13.990.000 y con una garantía de 24 meses con kilometraje ilimitado.