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Hyundai Tucson, la tercera generación se saca años de encima.

Fue en 2005 cuando la primera generación del Hyundai Tucson debutó en el mercado automotor chileno, para cinco años más tarde estrenarse la segunda hornada, y ya en 2015 develarse la tercera edición. Pero ahora es tiempo de refrescar la propuesta, por lo que el fabricante surcoreano, por medio de su representante oficial Automotores Gildemeister, introduce un facelift de la tercera generación de este exitoso SUV; más de 51.000 unidades se han vendido en Chile.

En el citado refresh se incluyen mejoras en el frontal y en la zaga, sectores que reciben una serie de elementos que refuerzan la identidad de marca. Los faros son más agudos, mientras que una mascarilla trapezoidal se encarga de acentuar la estética de la proa. En la parte trasera las luces de posición se tornan más fáciles de ver, y cerca del zócalo egresan unas elegantes salidas de escape; en términos generales la carrocería se sacó varios años de encima.

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La plataforma no tiene cambios, como suele suceder en un facelift, por lo que sus dimensiones básicas se mantienen intactas: 4.475 mm de largo, 1.850 mm de ancho, 1.655 mm de alto y 2.670 mm de distancia entre ejes. La cabina está homologada para recibir a cinco ocupantes, además de una carga mínima de 488 litros en el maletero.

El tablero, que exhibe un aspecto mucho más moderno, acoge una pantalla táctil de tipo flotante, dispositivo de 7” que brinda acceso a las plataformas Apple Carplay & Android Auto. El volante se muestra deportivo, en tanto que los pulsadores ubicados en la consola central fueron reorganizados; la ergonomía es uno de los aspectos más cuidados en este SUV.

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Once versiones componen el line up, cuyos niveles de equipamiento se distinguen con las siglas Plus, Value y Limited. Los precios van desde $14.990.000 hasta $22.590.000 en las unidades equipadas con motor gasolinero, y desde $16.990.000 hasta $24.690.000 en las opciones provistas de motorización turbodiésel.

El bloque gasolinero cuenta con 2.0 litros, cubicaje suficiente para erogar una potencia máxima de 153 CV a 6.200 rpm y un torque de 192 Nm. El impulsor turbodiésel, de la familia CRDi, también es de 2.000 cc, pero en este caso la potencia se eleva hasta los 182 CV a 4.000 rpm, mientras que el torque se alza hasta los 400 Nm.

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Las unidades gasolineras pueden estar unidas a transmisiones de tipo mecánica o automática, ambas de seis velocidades, y a los motores CRDi los acompaña una caja mecánica de seis marchas o un debutante conjunto automático de ocho velocidades. Además se puede optar por un sistema de tracción simple o por un esquema integral, denominado H-Trac, el mismo con que cuenta el renovado Santa Fe.